miércoles, 7 de febrero de 2018

MISSA POR UNITATE CHRISTIANORUM


MISA POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS


I. Misterio

En el artículo de esta semana abordaremos el tema del ecumenismo desde la perspectiva que nos ofrecen los textos litúrgicos de esta misa (A-B-C). Para mejor saber qué es el ecumenismo y cómo mejor ejercerlo escuchemos estas palabras del Concilio Vaticano II: «por "movimiento ecuménico" se entiende el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos» (UR 4b). Tales son:

1. Todos los intentos de eliminar palabras, juicios y actos que no sean conformes, según justicia y verdad, a la condición de los hermanos separados, y que, por tanto, pueden hacer más difíciles las mutuas relaciones en ellos.

2."El diálogo" entablado entre peritos y técnicos en reuniones de cristianos de las diversas Iglesias o comunidades, y celebradas en espíritu religioso. En este diálogo expone cada uno, por su parte, con toda profundidad la doctrina de su comunión, presentado claramente los caracteres de la misma.

3. Las diversas comuniones consiguen una más amplia colaboración en todas las obligaciones exigidas por toda conciencia cristiana en orden al bien común y, en cuanto es posible, participan en la oración unánime.

4. Todos examinen su fidelidad a la voluntad de Cristo con relación a la Iglesia y, como es debido, emprenden animosos la obra de renovación y de reforma. (cf. UR 4c).

Establecido lo qué es el ecumenismo pasemos a ver cómo la liturgia ha abordado el tema en sus formularios eucológicos.

II. Celebración


Para orar por la unidad de los cristianos, el misal romano de Pablo VI en su tercera edición, nos ofrece tres formularios completos que comparten un mismo prefacio. Antes de entrar en particularidades, comentemos algunas ideas generales. Son formularios de nueva creación, en líneas generales, salvo algunos que son de larga tradición (ya se indicarán). Estos formularios pueden ser usados incluso los domingos del tiempo ordinarios cuando hay algunas celebración ecuménica, propiamente; y siguiendo las leyes generales para las misas ad diversas. Estas misas, al compartir un prefacio propio, como ya se dijo, pueden ser usadas con las plegarias eucarísticas I, II o III. El color para estas misas puede ser blanco o el propio del tiempo. Para un mejor tratamiento de los formularios hemos intitulado los mismos más allá del A-B-C que trae el misal.

Formulario A: la unidad, vocación última de la Iglesia

En la oración colecta A, Dios reúne a sus hijos dispersos por el mundo y conserva a los que ya ha congregado mediante el bautismo para que se mantengan íntegros en la fe y vivan el vínculo de la caridad. En la colecta B Dios ama a los hombres y les da su espíritu para que caminen en santidad, según la vocación a que han sido llamadas. El hombre, por su parte, debe dar testimonio de la verdad y buscar los vínculos de paz y unidad que aúnen a los creyentes. La oración sobre las ofrendas aborda los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía como aquellos que nos hacen hijo de Dios por adopción y garantizan la paz y la unidad en la Iglesia. La oración de pos-comunión está tomada del misal romano de 1570[1]. En ella, se pone al Espíritu Santo como garantía de un mismo amor en el que vivan los cristianos.

Los textos bíblicos seleccionados para este formulario son: Jn 10, 14-15 para el introito, donde Cristo se presenta como el único Pastor que quiere congregar al rebaño. Mientras que para la antífona de comunión se ha propuesto 1Cor 10,17, donde la gran aspiración es que un día los cristianos nos sentemos a compartir un único y mismo pan eucarístico.


Formulario B: la fe en Cristo, garantía de la unidad

La oración colecta A indica que solo la confesión de fe en Jesucristo ha conseguido deshacer las fronteras y barreras entre los pueblos y las naciones, infundiendo en nosotros, los cristianos, el deseo de hacer siempre lo que Dios manda, esto es, mantener una misma fe y un mismo amor. La colecta B, tomada del misal romano de san Pio V[2], indica que los corazones de los fieles deben estar unidos, primeramente en la alabanza y la penitencia para lograr la perfecta comunión de la Iglesia. La oración sobre las ofrendas, haciéndose eco de san Agustín en su In Iohannis Evangelium 26,13, recuerda que la Eucaristía es sacramento de unidad y vínculo de caridad. La oración de pos-comunión vuelve a poner de manifiesto que solo el Espíirtu Santo puede contribuir a una unidad en el amor.

Los textos bíblicos propuestos en este formulario son: para el introito,  el salmo 105, 47 donde la súplica se concentra en hacer de la unidad un signo de credibilidad. Para la antífona de comunión se ha seleccionado Col 3, 14-15 donde un segundo signo de credibilidad es presentado: el amor y la paz de los cristianos.


Formulario C: un Señor, una fa, un bautismo

En la colecta A se pide que el pueblo crezca en el amor a la Verdad poniendo empeño en la práctica de la perfecta unidad. La colecta B está estructurada en tres secciones: a) Dios: que manifiesta su misericordia con nosotros y elimina las divisiones de los cristianos; b) Iglesia: Dios la hace estandarte sobre las naciones; c) Mundo: debe creer en Cristo, a través del testimonio de los cristianos. La oración sobre las ofrendas aborda el sacramento del Bautismo como algo que garantiza el que podamos recibir el resto de sacramentos el día de mañana. La oración de pos-comunión recoge tres ideas fundamentales: la renovación de la Iglesia, gloriarse del nombre de Cristo y servir a Dios en la unidad de la fe.

Los textos bíblicos seleccionados para este formulario son: para el introito Ef 4, 4-6 recuerda la unidad del Bautismo y de la fe en Jesucristo, único y mismo Señor. Par la antífona de comunión el formulario propone Jn 17, 21-23 donde Jesús pone como modelo de unidad, la relación que Él tiene con su Padre.

III. Vida


            Analizados los diferentes formularios, podemos extraer algunos puntos que nos ayuden a una mejor vivencia de la dimensión ecuménica de la fe cristiana, pues no podemos olvidar que todos estamos involucrados en esta tarea de la Iglesia:

a) Tiene su fundamento en el Bautismo: todos los que nos confesamos cristianos compartimos un mismo bautismo con agua natural y en el nombre de la Trinidad. A menos que haya alguna secta religiosa extraña con un bautismo de forma inusual, todos los cristianos podemos estar seguros de que el bautismo nos hace hijos de Dios y hermanos en Cristo. Por la recepción de la gracia bautismal los cristianos podemos reconocernos mutuamente, podemos sentirnos vinculados al mismo Jesucristo; pero, lógicamente, esta unidad de fe no anula las diferencias dogmáticas entre las diversas confesiones cristianas.

b) Ecumenismo de la caridad: en los diversos formularios se deja sentir la influencia agustiniana en cuanto al empeño de la Iglesia de hacernos ver la Eucaristía como signo de unidad y vínculo de caridad. Quizá el mejor texto para entender esto sea recurrir al famoso texto de Didajé: “Como este pan fue repartido sobre los montes, y, recogido, se hizo uno, así sea recogida tu Iglesia desde los límites de la tierra en tu Reino porque tuya es la gloria y el poder, por Jesucristo, en los siglos”. Así, la Eucaristía es signo de la unidad querida y deseada por todos. Dogmáticamente hay diferencias en cuanto a la explicación del milagro de la conversión eucarística (posiciones muy enfrentadas) pero en lo que todos podemos coincidir es que en la celebración eucarística (divina liturgia o santa cena) Jesús, el Señor, está ahí.

Pero a pesar de las divergencias dogmáticas, la Eucaristía debe llevarnos a todos a un ecumenismo afectivo,  de caridad y amor por los más pobres y abandonados de nuestra sociedad. Porque no hay pobres católicos ni pobres luteranos ni nada, los hermanos que reclaman nuestra asistencia y socorro son pobres y abandonados de Dios. Dios es su padre, su socorro y su auxilio;  y no su punto de diferenciación. Los cristianos, siguiendo a Mt 25 estamos llamados a reconocer a nuestro Señor en cada pobre que nos aborde.

c) Fieles cristianos unidos en la alabanza y la oración: esto debe ser algo común y compartido por todos los que nos gloriamos en el nombre de Cristo. Aprender a orar juntos y buscar espacios para ello es fundamental. Para todos los cristianos ha sido dado el mandato de “orad sin desfallecer” (cf. Lc 18) porque no sabemos el día y la hora en que vendrá el Señor; y Él querrá encontrarnos así.


d) Ecumenismo de la sangre: es este el último ecumenismo que se ha descubierto: rubricar con la propia sangre el testimonio  fe y de amor a Dios, nuestro Señor. Es el ecumenismo que viven los cristianos perseguidos por la tierra, especialmente, ahora en China u Oriente medio o África. Los terroristas y asesinos no preguntan ni de qué Iglesia son ni que les diferencia del resto. El único motivo para matar será el que son cristianos, seguidores de Cristo y comparten los bienes y la fe en el Único Dios verdadero.

Así, queridos lectores, es importante que creemos conciencia ecuménica para orar en favor de este propósito. Muy difícil y lejano en el tiempo será una unión en la teología dogmática, esto es una verdad efectiva; sin embargo, podemos entendernos en el cariño y amor mutuo que nos mandó el Señor tenernos, verdad afectiva. Solo abandonando prejuicios, que no verdades, y despojándonos de recelos pasados podremos avanzar por la senda del ecumenismo, del encuentro y del ser Iglesia.

Dios te bendiga



[1] MR1570 [397] ad tollendum Schisma.
[2] MR1570 [326] Sabbato Sancto, Post Prophetia X.

sábado, 3 de febrero de 2018

SE ACERCÓ, LA COGIO Y LA LEVANTÓ...ELLA SE PUSO A SERVIRLES


HOMILIA DEL V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Queridos hermanos en el Señor:

            Si el domingo pasado, la autoridad de Jesús era el objeto de atención por parte de los presentes en la sinagoga de Cafarnaún; hoy, progresivamente, observamos que la autoridad de Cristo se va convirtiendo en una fama muy extendida hasta el punto de no tener tiempo para otra cosa que para enseñar, curar enfermos y expulsar demonios.


            El evangelio de hoy nos ofrece tres escenas llenas de significado: 1) la curación de la suegra de Pedro; 2) La actividad milagrosa de la tarde; 3) Cambio de lugar. Veamos cada uno de estos elementos por separado:

a) Milagro de la curación de la suegra de Pedro: la escena nos sitúa en una estancia de la casa de Pedro, en concreto, en la habitación de su suegra, donde esta yace en la cama aquejada por la fiebre, inmóvil, incapaz de levantarse ni hacer nada. La enfermedad la ha inutilizado. Experiencia de la propia vida es la parálisis espiritual y física a que la enfermedad del pecado nos somete. Nos sentimos a veces como Job en la primera lectura: contando los días, el tiempo pasa muy lento, etc, nos sentimos agotados y sin ganas de seguir viviendo.

Jesús se acerca a la cama donde está la madre de la esposa de Pedro, del mismo modo que Jesús se acerca a tu cama, a tu vida, al lugar donde tu estas yaciendo  y agonizando por los dolores de tu enfermedad o tu pecado. Y se produce una secuencia verbal de extraordinario significado: “se acercó”- “la cogió” – “la levantó”. Se acerca a la mujer, la coge de la mano, para con su fuerza impulsarla y sacarla de la cama, la levanta de su postración. También este Cristo hoy te toma de la mano y te levanta de tu situación de pecado y dolor.

Mientras tanto, como signo y testimonio de que la curación ha sido real es que ella se puso a servirles. Y es que cuando uno ha sentido el amor curativo de Cristo no puede hacer otra cosa que servirle, más amarle, entregarse a él.


b) Milagros del atardecer: tras el breve reposo brindado por la suegra de Pedro, Jesús re-inicia su actividad curando y exorcizando a tantos y tantos como le traían. Los demonios le interpelaban pero él les prohibía hablar para no descubrir su identidad porque el hombre debe esperar a tener un cuadro más completo para entender la revelación plena del misterio de Cristo. Sin embargo, ya estos milagros se presentan como signos que apuntan a su divinidad y a la llegada del Reino a este mundo.

c) Cambio de lugar: el cambio de escena viene precedido por una búsqueda de la íntima comunión con Dios, por medio de la oración. Tras tomar fuerzas de este diálogo con el Padre, Jesús no duda en ampliar su misión, de ahí que mande poner rumbo a Galilea donde prosiguió con su predicación, sanación de enfermos y exorcismo a los endemoniados.

Así pues, tenemos tres escenarios pero una sola actividad: anunciar el Reino con obras y milagros. Tres escenas y un solo mensaje: que Dios quiere pasar por tu vida curando cada dolencia y  expulsar a esos pequeños demonio que no dejan de acecharnos para apartarnos de Dios.

Alabad, pues, al Señor los que tenéis los corazones destrozados porque no abandona nunca a sus hijos, ni quiere que ninguno se pierda. Ánimo, pues, queridos hermanos, confiemos en nuestro Señor Jesucristo que nos toma y levanta; y démosle gracias por tanto bien como nos ha hecho hasta el día de hoy.  Que así sea.

Dios te bendiga