Mostrando entradas con la etiqueta amor humano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor humano. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de octubre de 2018

VOLVER A LOS ORÍGENES

HOMILIA DEL DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO





Queridos hermanos en el Señor:

        Quizá el Evangelio de este domingo pueda resultarnos dificil, incomodo o duro de oir. El Señor Jesús no es correctamente político, no teme el ser rechazado; sino que habla con la autordiad de su naturaleza divina, con la única intención de establecer la verdad y la belleza de las relaciones humanas fundadas desde el principio del mundo bajo el plan divino del Creador.

      Ante la pregunta capciosa que le presentan a Jesús sobre la legalidad del divorcio, Jesús contrapone la ley de Moisés dada en el Deuteronomio con el plan original querido por Dios. Pero ¿cuál es este plan? ¿qué pretende? indicaremos tres rasgos de este diseñor divino: 1. Dios quiere que el hombre viva en compañía, que no esté solo. Esto supone que el hombre sea, por naturaleza, un ser para la comunión. El hombre quiere vivir en sociedad, y la célula de esta sociedad es el matrimonio y la familia. En otras palabras, podemos decir que el hombre es un ser eminentemente familiar. 2. Para satisfacer ese ansia de comunión y compañía, Dios crea un ser coigual al hombre en su naturaleza y diginidad. El ser creada, la mujer, de la costilla, supone que ella ha salido de lo más cercano al corazón del hombre y por tanto, éste la reconoce como algo propio y co-igual a él, de ahí la expresión "ésta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne". 3. El hombre (y la mujer) tienen la capacidad de poner nombre a las creaturas, esto es, son dueños y dominadores de todo lo creado. Poner nombre implica poder y autoridad, dominio y conocimiento. Luego, vemos que el hombre no es un ser supeditado a Dios, sino que goza de un status, dentro de la creación, único.



         Ahora bien, si este es el plan divino desde el principio, dónde está el escollo que Moisés pretendió resolver: la fuerza del pecado que destruye las relaciones humanas y, también, las humano-divinas. Por tanto, todo aquello que fuera contra el plan original del Creador no podía servir para la Nueva Alianza fundada en la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, por eso, Jesús se muestra tan claro en esta enseñanza que hoy hemos escuchado de sus labios. No solo valora negativamente el divorcio, sino que es mucho más grave contraer nuevas nupcias con otra persona tras éste, es lo que denominamos: adulterio. Y esta es la enseñanza, inmutable, de Jesús y, por ende, la de la Iglesia católica. Todo intento de edulcorarla, difuminarla o invertirla, será una burda tomadura de pelo a tantos matrimonios santos que con sus mas y sus menos, sus dificultades y sus éxitos han vivido el sacramento del matrimonio hasta el final de sus vidas.

        Los textos que hoy hemos leido son una invitación a re-proponer la belleza del amor humano y del matrimonio como lugar donde ese amor se vive y se realiza en plenitud. Hoy es dia de agardecer a Dios por todos aquellos matrimonios ejemplares que han sabido valorar y vivir la plenitud del sacramento y no han sucumbido a la tentación del abandono, de la sepración o del divorcio. El divorcio es siempre un fracaso de la vida, una frustración de unn plan de vida que no llegó a realizarse y naufragó. Es una realidad, ciertamente, dolorosa que debemos tomar en consideración con mucha cautela y discernimiento, sin olvidar la gravedad del pecado pero el necesario bálsamo de la misericordia.



       Ojalá que hoy el Señor Jesús toque con su gracia e ilumine a tantos esposos y familias que atraviesan malos momentos para que les haga andar el camino del bien. no podemos obviar, en este sentido, la alusión a los niños como modelo de cómo hemos de recibir el Reino de Dios: con humildad y sencillez como don que se nos da, sin reivindicar ni poderes ni status ni privilegios, ya que el Reino lo trasciende todo, incluido el amor humano, del cual es reflejo en este mundo. Así sea.

Dios te bendiga

viernes, 25 de mayo de 2018

MISSA AD POSTULANDAM CONTINENTIAM


MISA PARA PEDIR LA CASTIDAD


I. Misterio

En la III edición del misal romano ha aparecido, en las misas por diversas necesidades, un formulario para la misa “Ad postulandam continentiam” ¿Qué es esto? Una misa para pedir la continencia. Alguno que otro ha dicho que “¿Por qué lo han puesto?”, “Ya estamos fijándonos en lo mismo de siempre”. Los puritanos y escrupulosos de siempre, que no quieren hablar de estas cosas bien porque es tema tabú para ellos o bien porque lo tienen tan manido que ya ni se inmutan, han puesto el grito en el cielo pero creo que debemos tener todos un debate y una reflexión serena y sin apasionamientos.

Actualmente, el consumo de pornografía en internet es el que, con diferencia, es más elevado; la edad a la que comienza a consumirse la pornografía esta hoy a los 11 años, siendo la pornografía dura la que más se demanda.

            Hoy abundan en los medios los casos de abusos sexuales, siendo la pederastia el crimen más horrendo y nefando de cuantos se cometen en este campo; y lamentándolo mucho, ha habido hermanos presbiterios que han caído en esta lacra. Pero la pederastia no conoce límites; como obra del diablo, siempre busca las formas más terroríficas de manifestarse: en la escuela, en la propia familia, en los ambientes deportivos, etc.


            Es raro el día en que no nos despertamos con la noticia de algún caso de violación, de explotación de menores y turismo sexual con los mismos. Cada vez vemos con más naturalidad y sin ningún tipo de criterio moral las relaciones sexuales pre-matrimoniales, el reparto y fomento de anticonceptivos entre menores.

Hoy a los niños se les ha robado la inocencia de la infancia, la frescura de su niñez. La ideología de género se extiende rampante por nuestras escuelas y familias sin que nadie ose detenerla. Del mismo modo, el holocausto silencioso del aborto aún no encuentra quien le ponga límite.

Pero también es importante este formulario de misa para nosotros, los sacerdotes, que estamos, también, expuestos a todas las inclemencias que esta cultura pansexual nos ofrece. Cuántos hermanos han caído en estas sucias redes que no hacen sino ir socavando el celo pastoral de los mismos y caer en la concepción del sacerdocio como un “modus vivendi” y no como una verdadera vocación y un medio de santificación.

Efectivamente, en un mundo y en una sociedad pansexualizada, donde desde distintos medios y situaciones no cesan de llegar mensajes con contenido erótico, cuando no pornográfico; la Iglesia ve la necesidad de pedir esta gracia del cielo, esta virtud olvidada y despreciada. Pero hagamos una lectura desde los mismos textos.

II. Celebración

La misa 39, Para pedir la continencia, se nos presenta con un único formulario tomado, en líneas generales del ya existente en el misal de 1962, donde se halla la  misa 26, del mismo nombre “Para pedir la continencia”. La utilización de este formulario está sujeta a las normas generales dadas para las misas ad diversa. Pueden usarse los ornamentos de color blanco o del tiempo litúrgico en que se empleé. Puede completarse con cualquiera de las plegarias eucarísticas para las misas por diversas necesidades.


La oración colecta está presente en el Missale Romanum de 1570[1] y en el Rituale Romanum de 1614[2] si bien es verdad que la primera parte ha sido modificada. Esta oración indica desde el inicio que la continencia es un fruto del Espíritu Santo. Y como gracia especial de este afecta a todo el hombre en su unidad psicosomática, es decir cuerpo y alma (corazón), esta oración hace concreta la acción del Espíritu en ambas: para el cuerpo se pide la castidad y para el corazón la pureza. 

La oración sobre las ofrendas es de nueva creación. La eucología de esta misa muestra un sano realismo antropológico, es decir, se reconoce la posibilidad, real, de que el hombre cae con frecuencia en el pecado contra la castidad, de ahí que necesitemos constantemente la ayuda del perdón y de la misericordia de Dios para levantarnos de las caídas y poder ofrecer constantemente el sacrificio de alabanza. Consecuencia de ese perdón es la libertad y la pureza del corazón. El perdón de Dios es un perdón liberador y restaurador del hombre.

La oración pos-comunión está tomada también del formulario del Missale Romanum de 1570[3] con modificaciones. Este texto pide que la comunión sacramental haga surgir en nosotros el fruto demandado en la colecta, es decir, el vigor de la pureza y de la nueva castidad.

No tiene textos bíblicos propios para las antífonas.

III. Vida

Una serie de ideas atraviesan este formulario:

1. La ayuda de la gracia del perdón y del Espíritu Santo que lo posibilita y fructifica: no podemos olvidar que la continencia es fruto del Espíritu Santo y que cada vez que se atenta contra ella contamos con la misericordia divina que nos perdona y nos da un nuevo impulso y un nuevo vigor para vivirla.

2. La libertad humana: que siempre debe estar asistida por la gracia ya que ésta consiste en elegir siempre el bien. La continencia es signo de libertad humana en cuanto que supone el dominio de sí mismo y la posibilidad de caminar en la virtud y en el verdadero amor.

3. La castidad del cuerpo: san Pablo nos recuerda que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (cf. 1Cor 6, 19; 2Cor 6,16) y por ese motivo hemos de cuidar de él y respetarlo. 4. La pureza del corazón: esta idea se está muy presente en la Escritura (Sal 50,4; Mt 5,8) y también en la liturgia (oración secreta al purificar el cáliz “Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio”).


            Es un formulario, como dijimos anteriormente, de un realismo craso. Bien sabe la Iglesia que el hombre se ve constantemente asediado por las pulsiones sexuales y los estímulos que le invitan a desistir de su empeño por mantenerse casto. Son muchos los modos y formas en que el corazón se ve manchado por la sensualidad humana y comienza a debilitarse poco a poco hasta caer en una espiritual de satisfacción cortoplacista, perdiendo así su libertad y candidez. De ahí que el formulario de la misa apele desde el comienzo al “fuego celestial del Espíritu Santo” porque solo la gracia divina puede enderezar los corazones torcidos y las mentes corruptas.

La comunión recibida en la santa misa tiene como uno de sus frutos prevenir las faltas contra la castidad y conservar la continencia, tal como lo dice una de las oraciones de acción de gracias después de la misa atribuida a santo Tomás de Aquino “Sit vitiorum meorum evacuatio, concupiscentiæ et libidinis exterminatio, caritatis et patientiæ, humilitatis et obedientiæ omniumque virtutem augmentatio” (sea evacuación de mis vicios, fin de la concupiscencia y liviandad, y aumento de caridad, paciencia, humildad, obediencia y de todas las virtudes).

Así pues, es un acierto este formulario de misa para demandar la gracia de una continencia perfecta, de una castidad angélica y de una pureza fresca y vigorosa. Ojalá que acojamos con verdadero espíritu filial estos textos litúrgicos y los hagamos vida en nosotros.

Dios te bendiga





[1] MR1570[1168].
[2] RR1614[641].
[3] MR1570[484].