viernes, 3 de marzo de 2017

I DOMINGO DE CUARESMA




            El miércoles pasado, con el tradicional rito de las cenizas, dábamos comienzo al tiempo de Cuaresma, esto es, cuarenta días para prepararnos espiritualmente para la Pascua, la gran fiesta de los cristianos. Veamos que líneas teológicas y espirituales nos brinda la liturgia de este primer domingo.

Antífona de entrada

«Me invocará y lo escucharé; lo defenderé, lo glorificaré, lo saciaré de largos días» tomada del salmo 90 versículos 15 al 16. Esta sección del salmo es una respuesta de Dios al anhelo de protección del hombre indefenso. Al inicio de la Cuaresma invocamos al Señor sabiendo que en medio de nuestras dificultades y pecados Él nos escuchará. Esto inspira una gran confianza al sabernos defendidos por Dios en el combate espiritual al que nos pertrechamos con las penitencias, ayunos y privaciones voluntarias. Pues solo ayunando y absteniéndonos de carne en estos días seremos saciados del verdadero alimento que viene de Dios, esto es, su Palabra.

Oración colecta

«Dios todopoderoso, por medio de las prácticas anuales del sacramento cuaresmal concédenos progresar en el conocimiento del misterio de Cristo, y conseguir sus frutos con una conducta digna. Por nuestro Señor Jesucristo». Su antecedente lo encontramos en el sacramentario gelasiano antiguo (s. VIII). La cuaresma es llamada “sacramento cuaresmal” dado que este tiempo esta jalonado de prácticas y ritos sacramentales que forman un conjunto y nos preparan para recibir el gran sacramento por excelencia que es la Pascua de la Resurrección de Cristo.

La gracia que se demanda es doble: por un lado, “progresar en el conocimiento del misterio de Cristo” y por otro, “conseguir sus frutos (del misterio de Cristo)” para ello será necesario mantener y practicar una “conducta digna” del cristiano por medio de las prácticas que la cuaresma conlleva,

Oración sobre las ofrendas

«Haz, Señor, que nuestra vida responda a estos dones que van a ser ofrecidos y en los que celebramos el comienzo de un mismo sacramento admirable». Esta oración la hallamos en el sacramentario gregoriano de Adriano (ss. VIII-IX) y se mantuvo en el misal romano de 1570, también en el del beato Pablo VI. El texto es una llamada de atención a vivir en coherencia con lo que ofrecemos en el altar.

La pureza del culto, que no ritualismo vacío, significa llevar una vida santa, es decir, una vida marcada por la fe, la esperanza y la caridad. El pasaje evangélico de Mt 5, 23-24 es la pauta a seguir: la ofrenda al Señor es incompatible con la rivalidad hacia el prójimo. Se hará necesario revisar nuestra vida y nuestras conductas para que no desdigan de aquello que ponemos sobre el altar.

Antífonas de comunión

«No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4). Como eco del evangelio que acabamos de escuchar en esta celebración, se nos invita a reconocer en la sagrada Hostia, al verdadero pan que baja del cielo y es alimento salido de la boca de Dios. Es una confesión de fe: Cristo, palabra de Dios, es el que es en la sagrada forma, el que está en la Hostia santa. Como así lo creemos podemos comerlo y nutrirnos de Él.

«El Señor te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás» (cf. Sal 90, 4). Con estas palabras pretendía el demonio engañar a Jesús para que se tirara del alero del templo. En este momento de la celebración, estas palabras son una verdad espiritual irrefutable; pues el fiel, al comulgar, se hace uno con el Señor viéndose así, protegido por las alas del águila grande (cf. Ap 12, 14).

Oración de pos comunión

«Después de recibir el pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor, te rogamos, Señor, que nos hagas sentir hambre de Cristo, pan vivo y verdadero, y nos enseñes a vivir constantemente de toda palabra que sale de tu boca. Por Jesucristo, nuestro Señor». De nueva incorporación, sin antecedentes en los sacramentarios antiguos romanos.

Dos ideas confeccionan esta oración: 1. Los frutos espirituales de la comunión en orden a las virtudes teologales: “alimenta la fe”, “consolida la esperanza”, “fortalece el amor”; y 2. La relación pan-hambre formando un campo semántico: el hambre de Cristo solo se sacia alimentándose del pan del cielo, que es el mismo Cristo, palabra definitiva de Dios, pan vivo y verdadero. Es desarrollo de la primera antífona de comunión (cf. Mt 4,4)

Oración de bendición sobre el pueblo

«Te pedimos, Señor, que descienda sobre tu pueblo la bendición copiosa, para que la esperanza brote en la tribulación, la virtud se afiance en la dificultad y se obtenga la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor». Sustancialmente se halla en el sacramentario gelasiano antiguo pero ha sido modificada en el de Pablo VI. Es una bendición para los momentos de tribulación y dificultad de la vida, que son bastantes.

Visión de conjunto

            Cuando uno se dispone a realizar un viaje ya sea de turismo, ya sea de negocios, ya sea de peregrinación religiosa; pasa los días previos haciendo acopio de todo aquello que le va a ser útil y necesario para emprenderlo. Del mismo modo, cuando los cristianos nos disponemos a encaminar la peregrinación espiritual anual de la santa cuaresma este primer domingo nos saca al desierto y nos pone ante el aviso más importante: “el demonio te va a tentar”. Ésta será la mayor dificultad con que nos vamos a topar: con los ataques e insidias del diablo.

            Para ello, la liturgia de este primer domingo nos ofrece un lenitivo ante los dolores espirituales que nos sean provocados: la gracia de Dios. Ésta no es un agua que cae del cielo sin más, sino que nos llega a través de un canal ordinario al que llamaremos sacramento. De ahí que este tiempo haya sido llamado en la oración colecta “sacramento cuaresmal”.

            Son cuarenta días jalonados por una serie de prácticas cuaresmales que hemos de poner en juego para que sirviendo al Señor con pureza de corazón y rectitud de intención podamos progresar en el conocimiento de Cristo, palabra definitiva salida de la boca de Dios, que llegando a nosotros como pan celestial vivo y verdadero, viene a: 1. Alimentar la fe, que puede verse zozobrar en los momentos de dificultad. Allí o se aquilata o se pierde; 2. Consolidar la esperanza, que es la que mantiene en pie al cristiano en los momentos de tribulación; y 3. Fortalecer el amor que, como dice san Pablo, es lo único que permanece eternamente.

            Queridos lectores, la cuaresma es tiempo favorable, es tiempo de salvación. Son cuarenta días con cuarenta oportunidades para el cambio, para volver a Dios, para hacer opciones definitivas, para reconciliarnos con Dios y con los hermanos, para perdonar las deudas y ofensas. ¿Seremos capaces? ¿Estaremos dispuestos? Dios estará siempre de nuestro lado. Feliz y santa Cuaresma 2017

Dios te bendiga

miércoles, 1 de marzo de 2017

TIEMPO DE CUARESMA



Hoy miércoles de ceniza la Iglesia comienza oficialmente el tiempo santo llamado "Cuaresma", es decir, cuarenta días para prepararnos a celebrar la gran solemnidad de la noche de Pascua. El artículo de hoy nos lo ofrece el Rev. Lic. Dn. Ismael Pastor González, presbítero de la diócesis de Plasencia, párroco de Hervás, director del secretariado de catequesis y pastoral de Infancia y profesor de catequética en el Instituto de Ciencias Religiosas "Santa María de Guadalupe" y del Instituto de Teología del Seminario diocesano de Plasencia.
El profesor don Ismael colaborará con nuestro blog al inicio de cada tiempo litúrgico explicándonos la ilustración de la nueva edición del misal romano asignada a cada tiempo. Hoy presentamos la del tiempo de Cuaresma.
Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa lo cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: “Este es mi hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo”. Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: “Levantaos, no temáis”. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo (Mt 17, 1-8).

Descripción de la ilustración

La ilustración (página 181 del misal) nos presenta la escena de la transfiguración del Señor. Jesús, de pie, aparece iluminado, por el contraste que ofrecen las dos tintas. Resalta como la luz, rodeado de una mandorla luminosa de la que proceden rayos de luz. Con la mano derecha se encuentra bendiciendo, mientras que en la izquierda sostiene un pergamino. Aparecen los dos textos griegos que lo definen como Jesucristo y como la vida.

Junto a él, en dos montañas contiguas aparecen las dos figuras del Antiguo Testamento: Elías y Moisés. Moisés es identificado por sostener las dos tablas de la ley. Ambos señalan a Jesucristo, aunque en el caso de Moisés no se ve al tener la mano cubierta. En la parte inferior de la ilustración vemos a los tres apóstoles que acompañan a Jesús, en medio del estupor, por tierra, cegados y sorprendidos. Destaca Pedro a la izquierda, pues es, por el gesto de su mano, el único que se atreve a intentar hablar ante la escena

Análisis mistagógico

La escena sitúa el tiempo de la cuaresma. No sólo por reflejar el Evangelio del segundo domingo, sino por recordar el significado de este tiempo. Este tiempo, marcado por la penitencia en forma de ayuno, oración y limosna, no tiene por finalidad el sufrimiento en sí. No es un camino hacia la semana Santa, como a veces es vivido, sino que es un camino de preparación a la Pascua. Los distintos domingos nos acercan al misterio de Jesús, que sólo alcanzará pleno sentido en su resurrección. Jesús se muestra como Dios, para alentar a sus discípulos antes de la Pasión, para que comprendan que la cruz es sólo un paso y no un final, pues Dios no puede ser derrotado. Igualmente nos recuerda a nosotros que la cuaresma es un camino hacia el tiempo de Pascua. Los personajes de la imagen nos ayudan a comprender y profundizar en este misterio:

El misterio de Cristo: Cristo es la figura central. Está en lo alto del Tabor y su mirada se fija en nosotros. Su actitud es de bendición, mostrando la benevolencia del Padre hacia los hombres. Su aureola vuelve a mostrar como es el viviente. Sus vestidos blancos muestran que él es la fuente de la luz, “Dios de Dios, luz de luz” (DH 125) y de ellos salen rayos que apuntan a todas las otras figuras de la escena. Aparece en medio de una mandorla de luz. Este signo pictórico quiere reflejar la nube de la narración evangélica, que es signo de la presencia de Yahveh, y por lo tanto, un signo del Espíritu Santo que está dentro de Jesús, que lo envuelve, que lo empuja, que impregna toda su humanidad de una manera velada hasta el momento de la resurrección. En su mano izquierda sujeta un pergamino, signo de la revelación que está realizándose, pues en la transfiguración, Cristo se desvela y manifiesta toda la Trinidad: Dios Padre, quien habla afirmando “este es mi Hijo”, Cristo, el amado, revelado como Palabra y complacencia del padre y el Espíritu, en la nube, que indica la gloria y la presencia sobre el Hijo amado.

Inmóvil en su trascendencia, Jesucristo es una presencia que se impone, una mirada, un rostro, una palabra. Es el orante, el que adora y glorifica, el que revela y desvela el misterio del amor de Dios. Es la hermosura de Dios, su fulgor suave, su claridad infinita que todo lo envuelve. De esta forma ofrece una palabra de ánimo y esperanza a quienes lo acompañaran en su paso por la cruz, mostrándoles su naturaleza y la razón de su victoria definitiva.

Los personajes del Antiguo Testamento: Jesús es acompañado por dos personajes. Uno con efigie de anciano, que es Elías y otro más joven, Moisés, quien además es representado con las tablas de la ley. Ambos representan a la ley y a los profetas, quienes dan testimonio de Jesucristo. Ambos son amigos de Dios, hombres de la montaña y de oración. Por eso aparecen también sobre dos montes: el Sinaí (Moisés) y el Carmelo o el Horeb (Elías). Los dos representan a la totalidad de los hombres: Moisés a los muertos y Elías, de quien la escritura dice que fue arrebatado en un carro de fuego (2Re 2, 11), a los vivos, porque Jesús es Señor de vivos y muertos. Los dos buscaron el rostro de Dios, pero no lo vieron y ahora lo contemplan en Cristo, imagen del Padre. Ante el Cristo de la Transfiguración la ley cede a quien es la ley. La manifestación del Señor ya no es la brisa suave del monte Horeb que sorprende a Elías, sino la revelación plena de la palabra del Padre. A las teofanías del Antiguo Testamento sigue ahora la Cristofanía, la manifestación de Cristo, el Señor de la gloria.

Los discípulos: En la parte inferior del icono están los discípulos predilectos de Jesús: Pedro, Juan y Santiago. El contraste de su postura es evidente. Jesús y los testigos veterotestamentarios reflejan la paz de la vida eterna, mientras que los discípulos aparecen tirados por tierra, aterrados por la gloria del Señor, en postura de terror sagrado. Pedro, vuelto hacia Jesús, todavía tiene ánimo para decir “hagamos tres tiendas”. Juan, el más joven, el testigo del Verbo, parece tropezar en un intento de huida, mientras se cubre el rostro ante el resplandor de una luz que parece cegar más que el mismo sol. Santiago también cae tapándose el rostro, incapaz de contemplar la gloria de su maestro cara a cara. Los tres son testigos de la gloria y de la divinidad de Jesús, como serán testigos de la agonía de Jesús, de su verdadera humanidad.