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viernes, 7 de diciembre de 2018

LA PATRONA DE ESPAÑA


LA INMACULADA CONCEPCIÓN

En esta noche santa del 7 de diciembre, generalmente, desde hace siglos, los católicos de todo el mundo se reúnen en vela para aguardar el día grande de nuestra madre la Virgen. Un día como hoy de hace 164 años, Pio IX esperaba el que habría de ser uno de los actos más importante de su pontificado: la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.


Años de celebración gozosa en el anonimato del corazón cristiano amante de María; siglos de pronunciamientos a favor y en contra, dieron paso a la expresión artística de una verdad escrita en el pueblo cristiano pero aun no consignada por el supremo magisterio eclesiástico. Arquitectos, pintores se disputaban en belleza y calidad por plasmar en el lienzo y en la piedra lo que el corazón no podía contener ni las palabras podían expresar. Un gran periodo de consulta y una aclamación popular por parte del pueblo fiel, y en concreto del pueblo español, movieron al entonces papa reinante a proclamar a María concebida sin pecado original.

Estas fueron sus palabras: “Declaramos que la doctrina que dice que María fue concebida sin pecad original es doctrina revelada por Dios y que a todos obliga a creerla como dogma de fe”. Tras estas palabras se sucedió el júbilo en todo el mundo. A las campanas de las trescientas torres de Roma se unieron los campanarios de todas las Iglesias del mundo. Se había hecho justicia. La verdad de fe celebrada por el pueblo ya era dogma oficial de la Iglesia católica, ya no caben opiniones a favor o en contra, la Concepción Inmaculada de María debe ser aceptada y creída por todo hijo de la Iglesia.

La Concepción de María sin pecado original ha sido patrimonio de la fe del pueblo de Dios prácticamente desde el principio. Innumerables son los testimonios que ponen de relieve que la fiesta se celebraba desde los siglos VII/VIII en Oriente y poco a poco se va extendiendo a Occidente y a toda la Iglesia.

Desde el s. II los Santos Padres hablan de María como la nueva Eva, vencedora del pecado, asociándola así a Cristo en la lucha contra el diablo. Pero a pesar del arraigo que tenía esta creencia y esta fiesta en el pueblo de Dios, también tenía sus detractores que argumentaban en contra de este tema. Uno de ellos es Santo Tomas de Aquino, cuyo impedimento lo veía en el carácter universal de la salvación de Cristo. La autoridad de Santo Tomás de Aquino retrasó su definición en la historia.

Entre los teólogos que se decantaron favorables al dogma está Duns Escoto, que rescata la fórmula de Eadmero: “pudo, convenía, luego lo hizo”. Con todo ello, el primer intento de definición del dogma se dio en el Concilio de Basilea, con una fórmula distinta a la actual, pero que al ser un Concilio cismático no fue válido. Trento también toco el tema, pero se limitó a no incluir a la Virgen en el decreto sobre el pecado original.


Por fin, el 8 de diciembre de 1854 se ponía final a este largo camino: el Papa Pío IX mediante la Bula Ineffabilis Deus proclama a María “preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción”. El pueblo acogió con piedad y devoción este dogma de fe que ya llevaba largo tiempo calando en el sentir de la gente.

Claro que la Madre de Dios no pudo tener pecado original, era la rosa más bella en el jardín de Dios, la más cuidada y la adornada con dones excelsos y privilegios desde el mismo instante de su concepción. Pero la importancia y el sentido del dogma no se agota en unas meras turbulencias históricas, sino que radica en el sentido que tiene como imagen prefigurativa de la santidad de la Iglesia, es decir, la toda santa, la que fue preparada como morada de Dios, es imagen de la santidad a la que está llamada a vivir la Iglesia para ser también el espacio digno donde Dios habite y sea mostrado a todos los hombres del mundo.

Pero ¿Por qué Dios otorgó a María el privilegio de estar exenta de pecado original? ¿Qué motivación estaba en la mente de Dios creador para dar tan gran don? Debemos partir de un principio: los dogmas marianos tienen una doble dirección, por un lado son privilegio singular de la Santísima Virgen María y, por otro, radican en ella en orden a una misión en la historia de la salvación. En este caso,  la concepción inmaculada de la Virgen María está en orden a su Maternidad divina, esto es, a ser la Madre de Dios.


Que María fuera inmune al pecado y a sus efectos, la hace, con más razón, la mejor valedora contra las asechanzas del demonio y la más insigne defensora de la fe católica contra las herejías y los enemigos de la fe. Así lo comprobamos en el admirable milagro obrado por ella en la batalla de Empel: el 7 de diciembre del 1585, ante el catastrófico fin que se les avecinaba a los Tercios de Flandes, frente al poderoso ejercito holandés, Francisco Arias de Bobadilla se negó a capitular ante los enemigos de España y de la fe católica, por lo que mandó cavar trincheras en el suelo para resistir en el combate que, con toda seguridad, fuliminaría a las tropas españolas. En esto, «Estando un devoto soldado español haciendo un hoyo en el dique para resguardarse debajo de la tierra del mucho aire que hacía y de la artillería que los navíos enemigos disparaban, a las primeras azadonadas que comenzó a dar para cavar la tierra saltó una imagen de la limpísima y pura Concepción de Nuestra Señora, pintada en una tabla, tan vivos y limpios los colores y matices como si se hubiera acabado de hacer» (Tomo LXXIII de la Biblioteca de Cánovas del Castillo).

En este momento, las tropas españolas interpretan, acertadamente, que es un signo de protección delo cielo, el ánimo se levanta entre aquellos hombres que, sin dudarlo y movidos de fe, se encomiendan a la protección de la Santa Madre de Dios. A los pocos días, la batalla se libró con la consiguiente victoria de los tercios españoles, quienes adoptaron la devoción a la Inmaculada como patrona.


El milagro de Empel marca, de este modo, el punto de inflexión en el camino de proclamación del dogma de la Inmaculada. en 1761 el Rey Carlos III la presentó como Patrona y Protectora de España, instituyendo en su honor la Real y Distinguida Orden de Carlos III. Distinción que se perpetúa en la actualidad el día 8 de diciembre entre las Solemnidades Nacionales por excelencia. No cesando ahí la distinción y en reconocimiento a la Iglesia Española por la magnitud en la designación de la declaración dogmática, en 1864 la Santa Sede confirió a los presbíteros españoles la facultad de llevar una casulla azul en su conmemoración.

Desde esta noche del 7 y todo el dia 8 de Diciembre, hemos de reconocer, que el catolicismo español se viste de fiesta, y el ambiente, por muy pagano que sea, no puede resistirse a ese regusto mariano que solo las almas sensibles pueden apreciar.

«¡Celebremos la Inmaculada Concepción de la Virgen María, adoremos a su Hijo, Cristo, el Señor!» así cantaremos mañana al amanecer en el oficio divino de esta solemnidad. No cesemos nunca de cantar con sonoras voces y alabanzas incesantes que María fue concebida sin pecado original. Terminemos con los inmortales versos, cargados de piedad y de amor, de Miguel Cid:

Todo el mundo en general

a voces, Reina escogida,

diga que sois concebida

sin pecado original.

Hízoos vuestro Esposo caro

libre de leyes y fueros

y dio con que defenderos

un privilegio de amparo:

fue privilegio especial

el ser de Dios defendida,

con que fuistes concebida

sin pecado original.

Si mandó Dios verdadero

al padre y la madre honrar

lo que nos mandó guardar

Él lo quiso obrar primero:

Y así esta ley celestial

en Vos la dejó cumplida

pues os hizo concebida

sin pecado original.

El señor con su poder

tanto de gracia os llenó

que la culpa no halló

en que pudiese caer:

y así sin haceros mal

la culpa se fue corrida

porque os halló concebida

sin pecado original.

Toda Vos resplandecéis

con soberano arrebol

que vuestra casa en el sol

dice David que tenéis:

De resplandor celestial

os cercó el Rey de la vida

para haceros concebida

sin pecado original.


miércoles, 14 de marzo de 2018

21-24. CUESTIONES POLITICAS EN LA LITURGIA


VIDA POLÍTICA DE LA SOCIEDAD HUMANA


Hemos decidido, para este artículo, aglutinar las misas 21 a 24 ya que el misal solo ofrece una oración colecta para cuatro formularios que siguen la misma temática: la vida política de la sociedad humana donde cohabitan los cristianos. Estos son los formularios individualmente considerados: 21. Por la patria o por la ciudad; 22. Por los gobernantes; 23. Por las asambleas de los gobernantes de las naciones; 24. Por la máxima autoridad de la nación o el rey.


I. Misterio

La Sagrada Escritura hace derivar toda autoridad legítima del querer de Dios. De ahí la importancia que da a la obligación que tienen los fieles de rezar por las autoridades ya que éstas dimanan de la voluntad de Dios. En el Antiguo Testamento abundan los textos que apuntan en esta línea como el salmo 72(71) donde se nos presenta un himno para la coronación del rey y su ascenso al trono. Otro texto de la literatura sapiencial dice: “Teme, hijo mío, al Señor y al rey, no te enemistes con ninguno de los dos” (Pro24, 21-22) o esto otro: “Cuando gobierna el honrado, el pueblo se alegra; cuando domina el malvado, el pueblo se queja. Rey que juzga con justicia a los pobres consolida su trono para siempre” (Pro 29,2.14).

De entre las múltiples enseñanzas del Señor en el asunto que nos ocupa, la Iglesia destaca el pasaje de Mt 22,21par. Donde a la capciosa pregunta de las autoridades judías sobre la conveniencia de pagar los tributos a Roma, Jesús responde con dos ideas fundamentales que marcarán la concepción de persona y ciudadano en Occidente: a) que no solo es conveniente sino que debe hacerse en cuanto es una deuda que se ha contraído con Roma y los beneficios que había reportado; b) la idea de la imagen grabada que remite a un autor o a un propietario: la moneda lleva la imagen de su propietario, que es el César; mientras que el hombre lleva la imagen de su autor, que es Dios.

Así pues, uniendo estas dos ideas, como ciudadanos debemos someternos a las leyes y disposiciones de las autoridades civiles, pero como individuos personales que llevamos la imagen divina de Dios debemos la vida, la honra y la superior obediencia al Creador. Así lo entendió el genio católico español en estos versos de Calderón de la Barca:

«al Rey, la hacienda y la vida
se ha de dar; pero el honor
es patrimonio del alma,
y el alma sólo es de Dios»
(El alcalde de Zalamea, Jornada I,
escena XVIII, vv. 869-876).


Otros textos neo-testamentarios que amplían este precepto de cumplir con nuestras obligaciones como ciudadanos del mundo; cristianos insertos en una sociedad concreta, son los siguientes:

Romanos 13,1-7: la comunidad de Roma tenía una gran conciencia de la autoridad imperial. Cuando Pablo escribe esta epístola aún no ha comenzado la persecución oficial del cristianismo. Frente a la tentación de pensar que al ser ciudadanos de otro mundo, podían declinar sus obligaciones civiles, san Pablo destaca la idea de la obligación de someterse a las autoridades civiles legítimamente constituidas ya que su poder dimana de Dios. Hasta tal punto está convencido de ello, que Pablo no duda en llamarlos “ministros de Dios”, es decir, para él, las autoridades prestan un servicio a la comunidad humana manteniendo el orden y la justicia. Aborda, también, la cuestión de la obligación de pagar impuestos en la misma línea que el evangelio antes comentado.

1 Timoteo 2,1-4: este texto, aunque breve, reúne varios puntos una doctrina socio-política del cristianismo: en primer lugar, hay una exhortación a que los cristianos incluyan a todo ser humano en la oración. Dado que los cristianos no participaban en el culto público de los dioses, éstos serán objeto de sospecha por parte del poder civil; de ahí que para compensar esta ausencia, los cristianos presumían de orar por el emperador y las autoridades civiles, no por mero patriotismo sino por dos razones: a) para que la Iglesia gozara de “una vida tranquila y sosegada” y b) para que estas autoridades se conviertan y lleguen al conocimiento de la verdad.

1 Pedro 2, 16-17: para el autor de esta carta, las autoridades son algo querido por Dios y por tanto los cristianos debemos mostrar sumisión a ellas. En el momento en que se redacta esta carta, aún no ha comenzado la persecución. También con este mismo tema, el autor de este escrito une el tema de la libertad cristiana: la libertad está regida por un buen uso de la misma de acuerdo a las normas vigentes y no como una excusa para desobedecer las justas disposiciones. Entremos, pues, a estudiar el formulario litúrgico.

II. Celebración

            Para estas misas el formulario solo ofrece una oración colecta por intención. Son oraciones de nueva creación y fundadas en la teología política tradicional de la Iglesia, en cuanto que las autoridades son queridas y dispuestas por Dios en su providencia. Pueden ser usadas o bien como colectas y el resto de un formulario de domingo o bien como oración conclusiva de las preces. Son textos que dan mucho juego en su uso. Utilícese como se utilice pueden ir acompañadas del empleo de la tercera plegaria por diversas necesidades.


            21. Por la patria o por la ciudad: en primer lugar se apela al orden establecido por Dios en su providencia de establecer el agrupamiento humano con sus límites y fronteras establecidas. También se apela a las autoridades y a los ciudadanos para asegurar la concordia, la justicia, la paz y la prosperidad siempre y en todo momento.

            22. Por los gobernantes: Dios es la suprema autoridad y quien dispone el derecho de las naciones. Las autoridades temporales, de alguna manera, provienen de Dios y debemos rezar por ellos, como indican los textos bíblicos del punto anterior. Los gobernantes deben asegurar tres cosas fundamentales en la sociedad civil: 1. Prosperidad de los pueblos; 2. Paz estable; 3. Libertad religiosa.

            23. Por las asambleas de los gobernantes de las naciones: en el foco de esta oración se encuentran órganos internacionales como la ONU o la UE. Para estas reuniones de altos dirigentes se pide el don de la sabiduría de cara a la consecución de la paz y el bien común, o su mantenimiento. Y, también (no sin faltos de razón), que las decisiones que se tomen no sean contrarias a la voluntad de Dios.

            24. Por la máxima autoridad de la nación o el rey: las autoridades de este mundo están supeditadas al poder y querer de Dios y debemos tratarlas y obedecerlas como tales. Esta oración pide por el máximo dirigente de la nación, que en este momento es Su Majestad el rey Felipe VI para que tenga un mandato feliz, que cuide de los habitantes de la nación procurando su prosperidad y libertad de cara a agradar siempre a Dios.

III. Vida

El amor y los deberes para con la patria viene recogido en el Catecismo de la Iglesia en la sección dedicada al cuarto mandamiento. Siempre ha pertenecido al depósito de la doctrina esta actitud moral.


Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, analiza en su Suma de Teologia la virtud y la piedad con que el hombre debe actuar respecto a Dios y a sus semejantes, poniendo el amor a los padres y a la Patria en un orden inmediatamente posterior al del amor que se le debe tener a Dios. Pero San Agustín va incluso más lejos que Santo Tomás, y coloca la virtud del amor por la Patria por delante del amor que se debe tener por la familia, y solo por detrás del amor que se le profesa a Dios tal como lo escribe en sus confesiones: “Ama a tu prójimo; más que a tu prójimo, a tus padres; más que a tus padres, a tu Patria; y solamente más que a tu Patria, ama a Dios”. Siglos después encontraremos otros pronunciamientos como los siguientes:

Pio IX dice en la encíclica Divini illius magistri . “El buen católico, precisamente en virtud de la doctrina católica, es por lo mismo el mejor ciudadano, amante de su patria”. Y más tarde León XIII dirá en su encíclica Sapientiae Christianae: “Por ley natural estamos obligados a amar especialmente y defender la sociedad en que nacimos, de tal manera que todo buen ciudadano esté pronto a arrostrar aun la misma muerte por su patria”.

Actualmente el Catecismo de la Iglesia recoge la doctrina acerca de este tema del siguiente modo: “El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. La sumisión a las autoridades legítimas y el servicio del bien común exigen de los ciudadanos que cumplan con su responsabilidad en la vida de la comunidad política. La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país” (2239-2240).

Respecto al comportamiento de los ciudadanos, el Catecismo, también, dice lo siguiente: “El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política. “Dad [...] al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29): «Cuando la autoridad pública, excediéndose en sus competencias, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rechazar las exigencias objetivas del bien común; pero les es lícito defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de esta autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica» (GS 74, 5)” (2242).

Vemos pues que tenemos fundamentos teológicos, litúrgicos y morales para lo que algunos teólogos llaman la implicación de los cristianos en la vida pública. El mundo necesita del testimonio y el compromiso de los cristianos. No nos podemos permitir dejar que este mundo se siga desangrando por las llagas profundas que lo afligen y nosotros, como avestruces, sigamos escondiéndonos y delegando las responsabilidades en otros. Esta es nuestra hora, la hora de los cristianos. Adelante.

Dios te bendiga

sábado, 7 de octubre de 2017

LA VIÑA


HOMILIA DEL XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Queridos hermanos en el Señor:

Este domingo las lecturas de la misa tienen como hilo conductor la imagen de la viña, una alegoría muy recurrente para expresar diversas realidades: bien sea el pueblo de Israel bien sea el nuevo Israel que es la Iglesia.

El profeta Isaías nos describe con gran profusión una supuesta viña, propiedad de un anónimo que la cuida y cultiva con gran amor y dedicación, dotándola de todas las infraestructuras necesarias para que de los mejores frutos posibles. Pero resulta que con el tiempo los frutos que da son pobres e inservibles, lo que acarrea la indignación y el enfado del dueño de la viña, que decide abandonarla a su suerte sustrayendo de ella todo lo que había puesto para garantizar su desarrollo y productividad. Pues bien, esa viña no es otra que el mismo Israel. A este pueblo, elegido por Dios para llamar a todos los hombres a la salvación (para los judíos la salvación consiste en pertenecer al pueblo de Israel), Dios le arrebata esta prerrogativa por su infidelidad e idolatría.

Esta misma alegoría, y con una finalidad semejante, va a ser usada por el evangelista Mateo, el más judío de los cuatro evangelios, que la pone en labios de Jesús en forma de parábola. Pero como novedad, esta viña no es abandonada a su suerte al ser dotada de infraestructura sino que se la cede a una serie de viñadores para que la cuiden y la cultiven. Cuando llega el tiempo de la cosecha, el anónimo dueño manda a una serie de empleados que padecen un destino similar: al que no matan, le apalean; hasta que, por fin, es enviado el hijo del dueño al que matan para quedarse su herencia. Según el consenso de la exégesis de este texto, esta parábola es una alegoría que sintetiza la Historia de la Salvación: la viña seguiría siendo Israel, los viñadores son los sumos sacerdotes y fariseos, los enviados son los profetas asesinados, apaleados y rechazados, el hijo es el mismo Jesús.

Pero lo más grave de este pasaje evangélico no es tanto la parábola sino la conclusión del último versículo: “se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Lo que se traduce como “se os arrebatará el favor y la protección divina de la que habéis gozado desde el principio como pueblo de Israel y se dará a otro pueblo que lo merezca para que produzca los frutos esperados, este pueblo es la Iglesia”. Esta misma idea la hallamos más tarde en la predicación del apóstol san Pablo: “Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía: Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles” (Hch 13,46).


Ahora bien, hoy ¿quién es esa viña? ¿nos debemos sentir interpelados? Este domingo te propongo tres niveles para interpretar la imagen de la viña con el fin de tomar conciencia de lo que debemos hacer para una vida cristiana cada vez mejor.

En primer lugar, la “viña” es imagen de la Iglesia: viña adquirida por la sangre de Cristo y dispuesta convenientemente por la infraestructura sacramental de la cual Cristo es su único autor y su única causa. La Iglesia ha sido fundada por el Señor con la promesa de la asistencia del Espíritu Santo para conducir al pueblo hacia la consumación final. Pero… esto no es algo que se garantice sino que siempre está en riesgo por el pecado y la desobediencia humana. La tibieza es el gran mal de la Iglesia. Una Iglesia tibia, callada y consintiente de todo se convierte en una Iglesia estéril e inservible. Una Iglesia autorreferencial, replegada en si misma y más preocupada de amasar dineros y llevarse bien con los poderes del mundo es una Iglesia que se olvida de su Señor. Sabemos que junto a la santidad, la Iglesia es pecadora porque sus miembros son pecadores pero esto ni puede justificarnos ni puede consolarnos sino que debemos sobreponernos y vivir santamente porque estamos edificados sobre la piedra angular, que es Cristo.   

En segundo lugar, la “viña” es imagen de cada uno de nosotros: de los cristianos que hemos sido bautizados y por tantos hechos hijos adoptivos de Dios. Nosotros hemos recibido los sacramentos y los medios de salvación dispuestos por Dios y administrados por la santa Iglesia para caminar santamente hasta la eternidad. Pero cuántas veces corremos el riesgo de acomodarnos a la estabilidad de creernos, ingenuamente, que lo tenemos todo resuelto. Cuántas veces dejamos de ser testimonio vivo en medio del mundo porque nuestras obras no coinciden con la fe. Cuántas veces la incoherencia y la hipocresía abundan en nuestra vida porque es el mejor camino para adaptarnos al medio en que vivimos. Y esto nos mata poco a poco en el alma. En definitiva, es la corrupción de la mundanidad malsana que se va poco a poco metiendo en nosotros. Por eso, es necesario tomar conciencia de todo esto para ir progresando, poco a poco, en nuestro seguimiento fiel de Jesucristo, quien nos acompaña y fortalece con su gracia.

En tercer lugar, y para iluminar la realidad actual, echemos una mirada a España: si uno hace un repaso a nuestro país desde su unidad con Roma hasta hoy observamos que fue una nación bendecida copiosamente por la providencia divina para llevar el evangelio a todos los lugares del mundo o para contener las herejías; ha sido la cuna de grandes santos, mártires, confesores, vírgenes y pastores. Sin embargo, desde finales del s. XIX hasta hoy  se ha ido dando un progresivo olvido de Dios y un abandono de la conciencia cristiana. ¿Y acaso, ingenuamente, pensamos que esto saldría gratis? ¿Tan obtusos somos para no ver que los desórdenes que hoy se suceden son consecuencia de haber abandonado la práctica religiosa y haberla sustituido por ideologías materialistas y nacionalistas que solo crean odios, divisiones y discordias? No olvidemos aquella cita del evangelio “A quien mucho se le dio mucho se le exigirá” (cf. Lc 12,48). Como nación y como pueblo se nos ha dado mucho por parte de Dios ¿Hemos sabido administrarlo? ¿Hemos sabido conservarlo? Quizá haya llegado el momento de la siega y ahora nos toque pagar nuestro pecado y abandono. Así pues, hemos de tomar conciencia de todo esto no para hundirnos en la indignación sino para remontar gallardamente y volvernos a nuestro Dios para que Él tenga misericordia de nosotros, de su Iglesia y de nuestra España.

Aprovechemos cada instante de nuestra vida para dar frutos de vida eterna, para glorificar a nuestro Dios y favorecer con el bien a nuestro prójimo. Que nunca tenga el Señor que arrebatarnos el favor divino y entregarnos a las alimañas y las bestias que son el demonio y el pecado. Así sea.

Dios te bendiga

viernes, 1 de septiembre de 2017

RESPUESTA ABIERTA A LOS FIRMANTES DE LA CARTA ABIERTA AL CARDENAL BLÁZQUEZ


Queridos hermanos sacerdotes de la archidiócesis de Tarragona, firmantes de la carta:
Permítanme que me dirija a ustedes en español pero tras leer su carta en catalán gracias a una buena persona que me la ha traducido a mi lengua natal que es la común a todo el territorio nacional, no he podido, por menos, que contener la respiración, contar hasta diez y contestarles educadamente. Porque seguramente a mí me pase como al cardenal Blázquez que no sabemos catalán del todo bien, y si el cardenal Blázquez sabe este idioma, me alegro por él, creo que es un gran hombre y un buen pastor.


Ante todo, he de decir que dejé de ver la 13tv desde que vi cómo a la presidenta de Madrid, doña Cristina Cifuentes, tras aprobar la ley LGBT+ de la comunidad de Madrid fue invitada a un plató de 13tv y nadie le preguntó por esta ley, que va, claramente, contra la doctrina de la Iglesia Católica. Desde entonces dejé de verla. Dicho esto, hay cosas que no se pueden consentir ni callar otorgando impunemente. Es por ello por lo que quiero responder a esta carta abierta que han dirigido al cardenal Blázquez y como yo la he leído y me ha interpelado creo que debo responderla, sino que la hubieran mandado por privado como deben hacerse estas cosas.

Tras leer esta carta (que viene a ser como la típica bronca en tono amistoso que de vez en cuando los formadores de un seminario echan sobre un seminarista que ha metido la pata) no puedo por menos que sentir estupor y extrañeza al ver como ustedes se quejan de algo que llevan haciendo desde hace años en la comunidad autónoma de Cataluña (no Catalunya). Iremos punto por punto, porque no tiene desperdicio.

Ustedes dicen: “…habiendo escuchado repetidamente las quejas de muchos de nuestros fieles, queremos decirle, con todo el respeto pero también con toda la contundencia, que no podemos callar más ante las opiniones que, noche tras noche, se vierten en las tertulias de 13tv”. De acuerdo, suponiendo que las quejas fueran abundantes y repetidas, estoy convencido de que debían ser tan fuertes que sus oídos de “buenos pastores” no fueron capaces de oír las quejas de otros tantos feligreses que se quejaban en silencio (normal, pues no les quedaba otra) de como el mensaje falaz del nacionalismo catalán estaba copando no solo los medios de comunicación sino que, además, se vociferaba desde los pulpitos (hoy ambones) y desde los campanarios de las Iglesias. ¿A que a estos pobres feligreses no les escuchaban? Pues sepan que muchos de estos feligreses veían acoger sus tímidas quejas en platós como los de 13tv, y no solo eso, también en otras cadenas como Intereconomia o en emisoras de radio como COPE o esRadio.



Sigamos. Ustedes apelan a unas palabras de sus obispos catalanes, de la tarraconense, miembros de la CEE, en la que se quejan del trato dado por 13tv a la cuestión catalana, y dicen: “creemos que produce un grave escándalo en muchos miembros de la comunidad católica de nuestras Diócesis y también en nosotros mismos, el hecho de que el Canal de televisión 13tv, que ha de respetar a las personas y a las instituciones según su ideario, en algunos de sus informativos y tertulias, opte por el desprecio, la descalificación e incluso el insulto”. Muy bien. Bravo.
Ahora qué podemos decir sobre estas declaraciones de Mons. Novell en un medio de comunicación catalán “El derecho a decidir de los pueblos está por encima de la unidad de España”. O qué les parece el repique de campanas del 11 de septiembre de 2013. ¿Eso no genera crispación, división, odio, etc? para ustedes parece que no, pero si. Esos gestos y esas palabras crispan el ambiente. Ustedes apelan al ideario de 13tv, al que se le supone católico, pero olvidan que lo menos católico es, precisamente el nacionalismo porque mientras que “católico” significa universalidad y apertura, ustedes pretenden crear estados particulares cerrados en si mismos, mas y mas fronteras.


Dicen, además, esta perla: “en las tertulias de este canal de televisión, ligado a la Conferencia Episcopal Española, se continúan fomentando los sentimientos contrarios al respeto, la tolerancia, el diálogo y la solidaridad”. Quizá al escribirla le haya fallado la memoria porque algunos nos acordamos de lo sucedido en un plató de TV3 (televisión catalana) donde una periodista llamada Empar Moliner dijo esto: “Si calentarse en invierno es inconstitucional, los catalanes pobres tendrán que calentarse con cualquier libro a modo de estufa” mientras quemaba un ejemplar de la constitución española, la misma que ustedes, los catalanes votaron al 90,46% con una participación de más del  60% del total del censo. Este dato es por si les falla la memoria histórica. ¿Esto no engendra odio? O el lema “España nos roba” ¿no es ofensivo? Es ofensivo hasta para la verdad más prístina, pues todo el mundo sabe que desde que se lanzó el órdago catalanista las inversiones del estado han aumentado notablemente y regiones del sur de España cada vez están más empobrecidas. Así pues, no acusen de odio al canal 13tv cuando los suyos, los que pagan ustedes y los españoles con sus impuestos son los que más lo están fomentando. En otras palabras, los medios catalanes muerden la mano que les dan de comer.  


A continuación se atreven a decir: “En estos últimos días, tras los atentados en Catalunya, la agresividad de los tertulianos y de los responsables del programa, si cabe, se ha hecho todavía mayor”. Cómo puede sostenerse esta afirmación después de la pseudo-diada del terror que montaron contra las instituciones españolas el sábado 26  de agosto con el lema “No tenemos miedo”. Una estrategia bien montada desde el minuto uno, no para mostrar repulsa por los atentados terroristas islamistas sino para manifestar su rechazo a la “islamofobia” y aplaudir y fomentar la “hispanofobia”. Porque eso fue lo que ocurrió en Barcelona ante la presencia del rey de España y del presidente del gobierno español. Ustedes dejaron muy a las claras su odio y rechazo total y visceral a la nación mientras que la nación nunca dejó de manifestar su solidaridad y amor por las victimas de aquellos días fatales de agosto. Mientras ustedes se manifestaban contra España, sin importarles nada las víctimas del atentado, España se manifestaba contra el terrorismo sin importarle nada el infecto independentismo catalán. Esto es lo que hace grande a España y a los españoles y a ustedes, los independentistas afligidos, les desmerece y desacredita.



Y aquí llega lo mas retorcido, torticero, incongruente de su carta: “Por eso le pedimos que, sin dilación y con valentía, corrijan o supriman los programas de tertulia en 13tv, que tanto daño hacen a la convivencia y ensucian la imagen de la Iglesia Católica que siempre debe fomentar el diálogo sincero y fructífero”. Esto recuerda a la bronca de su líder político-espiritual Puigdemont al cardenal de Barcelona tras la misa en la Sagrada Familia. Estas palabras son una clara muestra del fascismo intolerante que ustedes pretenden imponer: lo que no me gusta que lo quiten. Pues que pena no haber leído semejantes palabras ante los programas catalanes mencionados anteriormente, o la misma contundencia ante el beso lésbico en el camarín de la moreneta, o las leyes LGBT+ aprobadas en aquella comunidad autónoma, tan católicos que son ustedes, que le costó una presión mediática a Mons. Novell. Ustedes pretenden imponer censura apelando al diálogo y a la convivencia ¿se puede ser más ruin? Ustedes apelan a la imagen de la Iglesia, como si les importara algo ¿Y la imagen de la Iglesia catalana cómo está? Eso es lo que debería preocuparles y no otras cosas.


Y para terminar, citan al papa Francisco usando a conveniencia sus palabras que en nada tienen que ver con el problema catalán. No haré comentarios, solo citaré estas declaraciones del pontífice: “La secesión de una nación sin un antecedente de unidad forzosa hay que tomarla con muchas pinzas” (La Vanguardia, 12/06/2014) y estas del Secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin en una entrevista con la vicepresidenta del gobierno español en la creación de cardenal de don Juan José Omella “'España es una decisión de los españoles y del conjunto de los españoles y de la democracia de los españoles. Este es un tema en que todos los españoles tienen que decidir”.



Queridos hermanos, sacerdotes, a mí me parece muy bien que ustedes hayan hecho un ejercicio de libertad de expresión al escribir esta misiva pero por favor no sesguen la información contenida. No tengan la piel tan fina porque a los españoles, y esto incluye a los catalanes no independentistas, sino está encallando ya.

La pena de todo esto es que ustedes han cambiado la cruz de Jesucristo por la bandera catalana, pero no la oficial, sino el remedo estelado de nueva creación que ahora hondean con toda impunidad desafiando al Estado español y ofendiendo a los españoles. Piensen, queridos hermanos, que están ustedes montados en el mismo barco de la masónica ERC, de las hordas de las CUP, de PODEMOS, de lo más anticlerical de la otrora católica Cataluña, paladín del cristianismo. Y creo que no son buenos compañeros de viaje y si no miren lo que le pasó a Novell cuando expuso la doctrina católica sobre la homosexualidad. Ustedes verán con quien quieren emprender este viaje a ninguna parte.





Y como yo no necesito a 26 curas más que firmen conmigo, solo firma este pobre cura rural extremeño a título personal. Personalmente no tengo nada ni contra ustedes ni contra nadie, pero solo les pido que no nos tomen por tontos, porque no lo somos. Un abrazo fraternal.



P. Francisco Torres Ruiz, pbro.

martes, 25 de julio de 2017

CATOLICOS Y ESPAÑOLES





Hoy la Iglesia de España celebra la solemnidad de su santo Patrón, Santiago Apóstol, el “santo adalid, Patrón de las Españas, amigo del Señor”. No vamos a entrar en qué hay de verdad y qué de leyenda en el hecho de que Santiago pisara nuestro suelo patrio, simplemente quisiera compartir con ustedes, queridos lectores, algunas consideraciones desde los textos de la Palabra de Dios que la Iglesia propone para esta fiesta.

Situación actual: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».

            En este primer punto haremos un planteamiento general de la situación actual en que los católico españoles nos encontramos. Actualmente vivimos en una sociedad que ha sido sometida a un programa sistemático de des-cristianización. De unos años para acá, no han cesado de sucederse una lenta y casi imperceptible marginación de los católicos en la sociedad. En aras de la laicidad, el hecho religioso mayoritario de España ha ido arrinconándose de tal modo, que diera la impresión de que el catolicismo más que configurar la historia, la vida, la sociedad, la cultura, en una palabra el “alma de España”, es, poco menos, que el mayor enemigo de la misma.

            Ser católicos hoy supone una opción de riesgo y un objeto de burla, mofa y befa por parte de los mass media (cine, radio, televisión), así como de los mismos gobiernos, que se suponen habrían de vigilar por la pacífica y feliz convivencia de todos los ciudadanos.

            De unos años para acá no han cesado de sucederse la aprobación de leyes, decretos y normas que han ido en un directo ataque a los católicos y a las raíces católicas de nuestro país:

·         En el año 1981 se aprobaba la ley del divorcio en España. Ley elaborada por el entonces ministro Francisco Fernández Ordóñez (UCD).

·         En el año 1985 se aprueba la ley de supuestos del aborto por el gobierno de Felipe González. Y mantenida por los gobiernos de Aznar (PP).

·         En el año 1998, siendo ministra de sanidad Celia Villalobos (PP) comenzó a promoverse el uso de la píldora abortiva o “píldora del día después” RU-460, siendo distribuida gratuitamente en el años 2004.

·         En el año 2005 el gobierno de Zapatero (PSOE) aprueba la ley del matrimonio homosexual. Ley mantenida sin cambios por el gobierno de Rajoy (PP). Y la del divorcio exprés, también mantenida por el PP.

·         En el año 2010 el gobierno de Zapatero (PSOE) reformaba la ley del aborto de 1985 pasando de la ley de supuestos a una ley de plazos. Lo más grave resultaba el libre acceso de las menores a abortar sin que fuera necesario el consentimiento paterno. El gobierno de Rajoy  (PP) mantuvo esta ley, cambiando solo lo tocante a las menores.

·         En los últimos años en distintas comunidades autónomas (Extremadura, Madrid, Andalucía, Cataluña, etc) se han ido aprobando distintas leyes LGTB totalitarias que pueden acarrear multas cuantiosas, cuando no la cárcel, a quienes osen discrepar, y más públicamente, de la ideología de género o de los postulados LGTB. Estas regiones se señalan a continuación:



·         Y actualmente en España hay un empeño por legalizar tanto la eutanasia como los llamados vientres de alquiler.

            Y ante estas leyes desafiantes y los ataques que han de venir, a los católicos españoles nos situamos ante la disyuntiva de aquellos apóstoles: obedecer a Dios u obedecer a los hombres. Agradar a Dios o al mundo. Hoy no es raro ver persecuciones y presión social contra obispos valientes que hablan sin tapujos sobre la actual deriva ideológica de España. Algunos de ellos son llevados a los tribunales civiles y otros al escarnio social y mediático. La objeción de conciencia es ignorada en muchos casos.


            Y lo que es más escandalosos es que esas leyes y esos mismos gobiernos que las promueven han sido elegidos con el voto de los católicos que tienen, hoy por hoy, su voto cautivo tanto por los dos grandes partidos posibilistas como por los dos que van a la zaga de serlo. Los católicos vivimos hoy en la orfandad política y cultural puesto que no hay partidos que recojan la Doctrina Social de la Iglesia y si los hay, están condenados al silencio mediático de la política monopolística de la información.

            Así pues, los católicos españoles, a quienes muchas veces se les niega el derecho a hablar, hoy por hoy tienen que optar: o servir a Dios o servir al mundo. Con cuánta ligereza se prohíbe a los católicos hablar en público desde su doctrina con el espurio argumento “en un estado laico no pueden hablar las ideas religiosas” olvidando, al mismo tiempo, que son esos mismo católicos los que pagan sus impuesto y participan en la vida política, social y cultural del país.  

¿Cómo actuar?: «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

            Ante este panorama tan poco alentador. La Palabra de Dios nos ofrece la mejor actitud que como católicos y españoles debemos tomar: el servicio desinteresado a la sociedad española actual en la que vivimos. Los católicos no podemos asumir la extraña costumbre de la avestruz de esconder la cabeza bajo tierra. No, no lo tenemos permitido.

Más bien, al contrario, debemos involucrarnos en la vida social, política y cultural de nuestro país. Y ese es el mayor servicio que podemos realizar en favor de España en este momento. Como recuerda el mismo Catecismo de la Iglesia: “El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. La sumisión a las autoridades legítimas y el servicio del bien común exigen de los ciudadanos que cumplan con su responsabilidad en la vida de la comunidad política. La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país” (2239-2240).

Vemos, pues, que el servicio profético está más que exhortado por parte de Cristo y de su Iglesia. No es esta la hora de los cobardes, sino la de los valientes. España y la sociedad española necesitan del testimonio fiel, verdadero y coherente de los católicos para impedir que esta España agónica y lacerada por la corrupción en todos los niveles; muera, irremediablemente, en nuestras manos.

Pero para los católicos, este servicio profético no se ejerce a cualquier precio y de cualquier forma, sino que está regido por la conciencia y la fidelidad de ésta a las enseñanzas divinas y a la ley natural. Por eso mismo, el Catecismo, también, dice lo siguiente: “El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política. “Dad [...] al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29): «Cuando la autoridad pública, excediéndose en sus competencias, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rechazar las exigencias objetivas del bien común; pero les es lícito defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de esta autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica» (GS 74, 5)” (2242).



Sin olvidar, tampoco, que el Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos, los católicos estamos aquí para entregar, también, nuestra vida en pro de la mejora de la calidad de vida y moral de nuestros coetáneos. En este sentido, Cáritas ejerce una gran labor asistencial en la sociedad pero no basta con solo dar pan y vivienda. La Iglesia está para evangelizar, y en este sentido son más que elocuentes las palabras del papa Francisco “Puesto que esta Exhortación se dirige a los miembros de la Iglesia católica quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria” (200). Y por supuesto, siguiendo el adagio latino de Horacio “Bonum et decorum est pro patria mori”, también los católicos hemos de estar dispuestos a dar nuestra vida por la patria común de todos, llamada España.

Consecuencias: «Para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo».

            Pero seríamos ingenuos si pensáramos que esta entrega al bien de nuestros conciudadanos sería bien acogida y correspondida. No es así. En este valeroso acto de servicio a España y a los españoles, nos jugamos muchas cosas los católicos. Nos jugamos el afecto de los nuestros, el respeto, la fama y la honra; nos jugamos el trabajo, el prestigio, en otras palabras: la muerte civil. Así tenemos ejemplos en España como el de la profesora Alicia Rubio, autora del libro “Cuando nos prohibieron ser mujeres…y os persiguieron por ser hombres”, quien ha sufrido en sus carnes varios escraches en su casa, en su instituto y en los lugares donde ha ido a hablar del tema del libro; hasta el punto de haber sido relevada de sus funciones en el instituto donde trabaja.

            Las palabras de San Pablo ilustran muy bien la situación de los católicos al querer servir a la sociedad en la que viven: “Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (1 Cor 4,7-8). Estamos, pues, bajo el amparo divino en este momento de la historia. El miedo no es nuestro aliado sino nuestro peor enemigo.


            Los católicos nos encontramos en este mundo para operar la salvación del mismo. Por eso es importante que en esta hora de la historia nuestra oración sea, sobre todo, de intercesión. Orar con fervor e intensidad a María por esta sociedad decadente que agoniza. No podemos permanecer impasivos ante tanta frivolidad blasfema que atenaza las conciencias de los cristianos y nos hace creer que está todo perdido.

            Estos son momentos para ser vividos como ofrenda a Dios. Entregar nuestra vida para que otros la tengan en abundancia, es decir, para que nuestra sociedad se redima y se salve, tal como lo expone Pablo en el mismo texto: “Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros”. Sabiendo que nosotros, los católicos, nos pertrechamos hacia el mundo desde el Espíritu del Resucitado. Nosotros somos el pueblo de la Pascua, el pueblo que salió del sepulcro, de la región de entre los muertos.

            Como en toda época de la historia, Dios está con nosotros para darnos vida en medio de esta cultura de la muerte en la que nos desenvolvemos; fortaleciendo nuestra fe frente al escepticismo ideológico de quienes piensas que pueden enmendar la plana a Dios.

Punto final: «Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben».

           
La antífona de este salmo 66 nos revela el destino último que le aguarda a nuestra nación. España ha recibido, entre otras, dos promesas del cielo: la primera, en el s.I cuando a las orillas del Ebro la Virgen del Pilar dijo a Santiago que la fe en aquellas tierras se mantendría hasta el final de los tiempos. La segunda es la de Señor al beato padre Francisco Bernardo de Hoyos “Reinaré en España y con más devoción que en otros lugares”. Y efectivamente, España en su bimilenaria historia ha sido copiosamente bendecida por el cielo. Fue en España donde, pese a la presión oficial arriana, se mantuvo incólume la fe católica. La misma que movió a los reinos alto-medievales a emprender una importante hazaña para recuperar el terreno que le había sido arrebatado en el 711 por los musulmanes. Fue España la que propagó la fe verdadera a las nuevas tierras recién descubiertas de América o de Filipinas. Fue España quien hizo frente a la herejía luterana y a la barbarie anglicana

            España ha sido la cuna de grandes santos: mártires romanos, mártires visigodos y mozárabes, san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier, santa Teresa de Jesús, san Padre de Alcántara, y tantos cientos más.
                   Quizá la mejor definición de España y su catolicidad la ha dado el genial Menéndez Pelayo en su historia de los heterodoxos españoles: “España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectores o de los reyes de taifas”.

             En definitiva, el destino y misión del catolicismo Español es el de hacer que todos se unan en la alabanza divina. Pero para terminar, no seré yo quien ponga el punto y final, sino un gran literato de nuestra tierra llamado Federico García Lorca: “He asistido también a oficios religiosos de diferentes religiones. Y he salido dando vivas al portentoso, bellísimo, sin igual catolicismo español.No digamos nada de los cultos protestantes. No me cabe en la cabeza (en mi cabeza latina) cómo hay gentes que puedan ser protestantes. Es lo más ridículo y lo más odioso del mundo.

Figuraos vosotros una iglesia que en lugar de altar mayor haya un órgano y delante de él a un señor de levita (el pastor) que habla. Luego todos cantan, y a la calle. Está suprimido todo lo que es humano y consolador y bello, en una palabra. Aun el catolicismo de aquí es distinto. Está minado por el protestantismo y tiene esa misma frialdad. Esta mañana fui a ver una misa católica dicha por un inglés. Y ahora veo lo prodigioso que es cualquier cura andaluz diciéndola. Hay un instinto innato de la belleza en el pueblo español y una alta idea de la presencia de Dios en el templo. Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo, que es una misa en España. La lentitud, la grandeza, el adorno del altar, la cordialidad en la adoración del Sacramento, el culto a la Virgen, son en España de una absoluta personalidad y de una enorme poesía y belleza.


Ahora comprendo también, aquí frente a las iglesias protestantes, el porqué racial de la gran lucha de España contra el protestantismo y de la españolísima actitud del gran rey injustamente tratado en la historia, Felipe II.

Lo que el catolicismo de los Estados Unidos no tiene es la solemnidad, es decir, calor humano. La solemnidad en lo religioso es cordialidad, porque es una prueba viva, prueba para los sentidos, de la inmediata presencia de Dios. Es como decir: Dios está con nosotros, démosle culto y adoración. Pero es una gran equivocación suprimir el ceremonial. Es la gran cosa de España. Son las formas exquisitas, la hidalguía con Dios.

Sin embargo, yo he observado al público católico esta mañana, y he visto una devoción extraordinaria, sobre todo en los hombres, cosa rara en España. Han comulgado muchas gentes y era un público serio, sin pamplinas y con una disciplina extraordinaria. He visto la primera comunión de unos niños japoneses con unas caritas amarillas, vestidos de blanco, de lo más delicado y frágil que se pueda soñar” (Carta del 14 de julio de 1929).


¡Oh glorioso apóstol Santiago, elegido entre los primeros! Tú fuiste el primero, entre los apóstoles, en beber el cáliz del Señor. ¡Oh feliz pueblo de España, protegido por un tal patrono! Por ti el Poderoso ha hecho obras grandes. Aleluya.