sábado, 2 de septiembre de 2017

CARGAR CON LA CRUZ, CARGAR CON LA VIDA


HOMILÍA DEL XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO



Queridos hermanos en el Señor:

Las lecturas de este domingo son tan reales como la vida misma. Ser cristiano y, además, estar comprometido con el anuncio de la Palabra de Dios hoy en día no es algo fácil ni agradable. La experiencia del profeta Jeremías nos evoca a tantas situaciones de cansancio espiritual que podemos experimentar cuando vemos que por mucho que hagamos y prediquemos, no siempre obtenemos los resultados pretendidos. El hastío, la desgana y la tristeza se apoderan fácilmente de nosotros y parece que no tiene sentido nada, e incluso rechazamos el seguir confiando y creyendo en Dios.

Jeremías, como puede ocurrirnos a nosotros, ha conocido a Dios, ha experimentado el poder de atracción del amor de Dios y esto le ha llevado a comunicar a su pueblo los mandatos y preceptos divinos. Pero el mensaje que le tocaba a Jeremías era bastante calamitoso: “Violencia” y “Destrucción”. Y es que, ciertamente, la Palabra de Dios tal como va el mundo hoy, y por los derroteros a los que se encamina, cada vez va a ser más desagradable predicarla y, aún más duro, oírla. Sin embargo, nosotros estamos aquí para anunciar, para edificar, derribar, plantar y exhortar a la conversión.

La Palabra de Dios se había vuelto oprobio para el profeta pero no podía abandonarla, aunque quería, porque su alma estaba sedienta de ella. En efecto, la Palabra de Dios acarrea problemas pero no puede obviarse en la vida porque tiene poder de atracción y seducción, por eso nuestra alma la anhela constantemente. Lo mismo tuvo que sufrir Jesús. Jesucristo debe asumir el precio de ser fiel a la Palabra de Dios, que predica. Frente a Pedro, que quiere una teología de la gracia y la gloria, y rechaza, por tanto, la pasión y la cruz de Cristo, Jesús llama a sus seguidores a unirse a Él en su destino,  a participar de su cruz y obtener, así, la gloria de la Resurrección.


El evangelio de hoy nos llama al seguimiento decidido de Cristo. Pedro no quiere ver la cruz de su Señor, no admite que Cristo tenga que morir. Pero Jesús, a pesar de compararle con el mismísimo Satanás, no lo rechaza, comprende su debilidad y torpeza por eso le dice “ponte detrás de mi” (gr-= episo mou/ lat.= Vade post me). No es esta una expresión baladí. Solo podemos ser fieles comprometidos con la Palabra de Dios en la medida en que nos pongamos tras el Señor y sigamos sus pasos. Negarse a sí mismo supone, ante todo, someterse a la voluntad de Dios, hacer del Evangelio la suprema ley de nuestra vida.

La expresión “cargar con su cruz” era un refrán acuñado ya en la época de Jesús que servía para expresar el sufrimiento y el dolor que comportaba la vida y con el que había que aprender a vivir. Hoy, este proverbio, no ha perdido ni un ápice de su significado y su valor para nosotros. Cargar la cruz supone cargar con la propia vida, toda y en su conjunto, pero solo podremos hacerlo amando cada instante de la existencia como un regalo que Dios nos da. Podríamos buscar la felicidad en cosas vanas y pasajeras que el mundo y sus pompas nos ofrece, pero la felicidad le es esquiva a quien la busca directamente. La verdadera felicidad está en buscar agradar a Dios cumpliendo su voluntad.


La cruz puede revestir diversas formas a lo largo de la vida: la cruz de la enfermedad, la cruz de la precariedad laboral, la cruz del ser despreciado, la cruz de no sentirse querido, la cruz de ver frustradas las esperanzas y las expectativas de progresar, la cruz de no ser escuchado, la cruz de ver como los malos triunfan y los buenos son discriminados, etc… pero si por un momento pensáramos que todas estas cruces nuestras se unen a la gran cruz de Cristo, viviríamos con más gozo el sentido pascual de nuestra vida. Pues hay, queridos hermanos, dos momentos para la cruz: el viernes santo y la cruz de mayo. La primera es una cruz  de muerte, sufrimiento y dolor; la segunda es una cruz de gloria, triunfo y esperanza, ustedes elijan dónde quieren estar y qué quieren vivir. Sea como fuere, la cruz solo adquiere sentido y rigor si la cargamos detrás de Jesús, Él será nuestro cirineo.

Dios te bendiga

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