miércoles, 3 de mayo de 2017

SECUENCIA DE PASCUA: VICTIMAE PASCHALI LAUDES




¿Qué es una secuencia?

Durante la octava de Pascua el leccionario de la misa conservaba y proponía un poema llamado “Victimae Paschali laudes” (= Ofrezcan los cristianos). Se trata de una secuencia, es decir, un poema que se reza o canta antes del Evamgelio. Actualmente encontramos cuatro secuencias: dos obligatorias: “Victimae Paschali laudes” para Pascua, “Veni sancte spiritu” para Pentecostés; y dos opcionales “Lauda Sión” para el Corpus y “Stabat Mater” para el 15 de septiembre memoria de la Virgen de los Dolores.

Al parecer, la secuencia nació del canto vocal que se aplicaba a la última sílaba del aleluya. Muchas veces, resultaba un canto difícil de interpretar, por lo que se fueron creando textos para sostener estas melodías. Uno de los mayores exponentes de este género fue el monje de san Galo, Notkero Bábulo († 912). Su origen ms lejano puede estar en la música bizantina o siro-palestina. Los distintos versos que se componían se fueron agrupando en parejas de estrofas iguales y paralelas que se cantaban alternando un coro de mujeres (voces blancas) y de hombres (voces negras).´

En el s. XI la secuencia se independiza totalmente del canto del aleluya erigiéndose como canto y estilo propio. Las estrofas van adquiriendo mayor equilibro rítmico. Se van creando nuevas secuencias, siendo el s. XII su periodo áureo con Adán de san Victor (†1192) y en el s. XVI tenemos unas 5000. Por su sencillez, ritmo y agilidad eran cantadas por el pueblo. San Pio V las consideró recientes y optó por suprimirlas a excepción de cinco, las cuatro anteriores y la “Dies irae” de la misa de difuntos.

La secuencia de Pascua “Victimae Paschali Laudes”

La secuencia que traemos hoy data del s. XI y esta atribuida a Wipo de Burgundia (†después del 1048), capellán del emperador Conrado II y Enrique III. Es la secuencia propia para la Pascua de Resurrección. Actualmente se canta solo durante la octava de Pascua aunque puede interpretarse como canto a lo largo de la cincuentena pascual.

Es una secuencia de ritmo sencillo y alegre, de aire simpático y rudimentario. Tiene una introducción y cuatro pares de estrofas iguales aunque en el misal de Pio V a la última estrofa se le ha suprimido uno de sus miembros ya que hablaba de los “Iudaeorum turbae fallaci”. Hay también una serie de preguntas y respuestas: preguntas de la comunidad y respuesta del personaje bíblico que es la Magdalena. Hoy se han suprimido los textos interrogativos. En la estrofa cuarta, el misal de Pio V sustityó el “suos” por el “vos”, la actual edición de Graduale Romanum ha vuelto a poner “suos”.

Texto y comentario

Ofrecemos en primer lugar el texto en latín antiguo y su versión actual. Después haremos el comentario espiritual para que nos sea provechoso.

Texto latino antiguo
Traducción española
Texto latino actual
Victimae paschali laudes
immolent Christiani.
Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.
Victimae paschali laudes
immolent Christiani.
Agnus redemit oves:
Christus innocens Patri
reconciliavit peccatores.
Cordero sin pecado que a las ovejas salva, a Dios y a los culpables unió con nueva alianza.
Agnus redemit oves:
Christus innocens Patri
reconciliavit peccatores.
Mors et vita duello
conflixere mirando:
dux vitae mortuus,
regnat vivus.
Lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es la Vida,  triunfante se levanta.
Mors et vita duello
conflixere mirando:
dux vitae mortuus,
regnat vivus.
Dic nobis Maria,
quid vidisti in via?
Sepulcrum Christi viventis,
et gloriam vidi resurgentis:
¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,
Dic nobis Maria,
quid vidisti in via?
Sepulcrum Christi viventis,
et gloriam vidi resurgentis:
Dic nobis Maria, quid vidisti in via?
Angelicos testes,
sudarium, et vestes.
[¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?]
los ángeles testigos, sudarios y mortaja.


Angelicos testes,
sudarium, et vestes.
Dic nobis, Maria, quid vidisti in via?
Surrexit Christus spes mea:
praecedet
vos in Galilaeam.
[¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?] ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea, allí el Señor aguarda;


Surrexit Christus spes mea:
praecedet
suos in Galilaeam.
Credendum est magis soli
Mariae veraci
Quam Judaeorum
Turbae fallaci
[Es más creíble y veraz solamente María, que la turba mentirosa de las judíos]

Scimus Christum surrexisse
a mortuis vere:


Tu nobis, victor Rex, miserere
Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa.
  
Scimus Christum surrexisse
a mortuis vere:


Tu nobis, victor Rex, miserere
Amen. Aleluya
Amén. Aleluya
Amen. Aleluya



«Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la Víctima propicia de la Pascua». Se trata de una invitación a la alabanza a Cristo como víctima pascual que ha sido inmolada en el ara de la cruz. Su sangre unta las puertas de los fieles, que son sus labios, tal como dijimos en la noche de Pascua “Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles”. Nuestra pascua es Cristo y ya ha sido inmolado de una vez para siempre, por lo que no caben más sacrificios, sino la actualización del único ya efectuado, el del Señor.

«Cordero sin pecado que a las ovejas salva, a Dios y a los culpables unió con nueva alianza». Como un eco de la Vigilia pascual, volvemos a encontrar la idea de la reconciliación entre Dios y los hombres, pues en el pregón pascual se decía “Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado”. Las ovejas hemos sido salvadas por un cordero que ha sido ofrecido en pago de rescate, el inocente por los culpables, el hijo por los esclavos, como de nuevo la Vigilia pascual nos recordaba “¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!”.

«Lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es la Vida,  triunfante se levanta». De nuevo vuelve a suscitarse otra idea de la Vigilia pascual “Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo”. El misterio pascual es descrito en término bélicos: una guerra sin cuartel entre la vida y la muerte, entre Cristo y Satanás, entre el cielo y el infierno. El dragón del Apocalipsis es derrotado y los justos pueden entonar los himnos de victoria.

«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?» es la pregunta que el coro plantea al personaje bíblico que muy de mañana acudió a ver el sepulcro simplemente para llorar ante la puerta de la tumba sin más, pero lo que allí encontró jamás pudo imaginarlo, y por consiguiente, olvidarlo.

«A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja». El personaje bíblico, María Magdalena, va enumerando todo lo que vio: a Jesús que la llamó por su nombre, el sepulcro vacío donde la mortaja el sudario estaban colocados y los ángeles hacían de testigos y custodios del portento glorioso. Todo habla, ya, de vida, de resurrección, de triunfo. Todo esto suscita en los fieles las ganas de volver a creer, de renovar la fe cada día.

«¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!» Esto es proclamado por María a los cuatro vientos. Debería ser, igualmente, el gran grito de la Pascua para cada uno de los cristianos. Nuestro amor y esperanza es Dios, y solo Dios, únicamente Dios. Y este amor y esta esperanza están vivos, para siempre, sin temor ni a perderlos ni a que nos abandonen. Pero, lamentablemente, cuantas veces hacemos de las cosas de este mundo nuestros amores, cuantas veces apegamos nuestra esperanza  

«Venid a Galilea, allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos la gloria de la Pascua». Ahora es ella la que nos invita a nosotros y nos interpela a dejar todo lo que tenemos entre manos para ir al encuentro del Señor. En Galilea, donde todo empezó, donde fue llamando a sus primeros discípulos. El Señor nos espera a cada uno allí. Hoy Galilea es cualquier situación de la vida donde está Dios esperando para encontrarse con nosotros. La gloria de la Pascua se manifiesta en cada hombre que en su sufrimiento ha encontrado a Dios; la gloria de la Pascua acontece en cada acontecimiento donde gozamos con las sorpresas de Dios. Volvamos, pues, al amor primero, al primer encuentro con Dios, a la primera vez que sentimos su presencia entre nosotros. Galilea es el lugar donde hemos de regresar cada vez que sintamos el cansancio y el hastío de la vida.    

«Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti no manda». En esta estrofa ya no es el personaje bíblico el que nos habla sino el coro de la Iglesia que alaba a la Víctima pascual. Nuestro Dios está vivo y no muerto como el mismo dice en Apocalipsis “Yo soy el primero y el último. Estuve muerto y ahora vivo y tengo las llaves de la muerte y del abismo” (cf. Ap 1,17b-18). La Iglesia nos lo ofrece en la antífona de entrada de la mañana del domingo I de Pascua: “He resucitado y estoy contigo, aleluya: has puesto tu mano sobre mí, aleluya: tu sabiduría ha sido maravillosa, aleluya, aleluya”.

«Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa». Esta última estrofa de la secuencia es una súplica de la humanidad entera a su Señor al que confiesa como “rey vencedor”. El deseo de todos es vivir eternamente, precisamente para eso hemos sido creados; y la vida eterna ha sido obtenida para nosotros por la muerte y resurrección de Jesucristo. Varias veces la liturgia se hace eco de esta noble y pía aspiración humana cuando, por ejemplo, en el canon de la misa se pide que seamos agregados al número de los santos.

Pues bien, queridos lectores, aquí tenemos una joya de la espiritualidad pascual del cristianismo. Una visión sublime del misterio pascual que bellamente ha captado el autor de las Crónicas de Narnia, película que desde este blog recomendamos encarecidamente. Nuestro Señor fue sacrificado como cordero pascual, pero resucitó con la fuerza del león de Judá. Del madero de la cruz, que ha sido regado con la sangre de Cristo, han brotado las flores de la Pascua, los frutos más granados del nuevo Israel, su Iglesia, su pueblo, todos nosotros. Vivamos, pues, con gran alegría la Pascua y demos gracias a Dios porque su victoria es la nuestra.

Dios te bendiga

  

Bibliografía

M. Righetti, Historia de la Liturgia I. Introducción general (BAC, Madrid 2013) 1100-1106.

J.A. Jungmann, El Sacrificio de la misa. Tratado histórico-litúrgico (BAC, Madrid 1951) 554-557.

R. de Gourmont, Le latin mystique. Les poètes de l´antiphonaire et la symbolique au Moyen Âge (Les Belles Lettres, Paris 2010) 131-132

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